Es tan fácil ser libre, y nadie se lo propone, es tan fácil escalar una montaña, pero el esfuerzo parece demasiado; sin saber lo hermosa que es la vista desde la cima. Estamos todos encerrados en una ciega esfera de terrorismo invisible.
¿Alguna vez te preguntaste cuánto vale realmente tu vida?¿Alguna vez te sentiste realmente vivo?
¿Cuándo fue la última vez que te recostaste en tu cuarto sintiéndote feliz solamente de existir, y no por haber adquirido el último artículo de moda o el último símbolo de status para ser aceptado por la sociedad terrorista?
Estamos encerrados, vos y yo, el y ella, todos nosotros, en un mundo que se muestra como la única alternativa; vivir bajo sus preceptos parece inevitable e irreversible.
No es así, y de algún modo, vos y yo lo sabemos; lo supiste cuando por primera vez te paraste sobre tus pies, cuando viste en los ojos de tu amante una noche especial, cuando el aire de la noche decia algo mas... cuando el mundo parecía tan grande y tan insignificante, tan vasto e innecesario a la vez.
Hay un mundo que no es este, pero está frente a nuestros ojos, hay un Universo, una Galaxia, oculta tras el concreto y la presurosa gente que corre de un lado hacia otro intentando que su vida social no se derrumbe...
El y ella lo saben, pero tienen miedo, miedo de ser mal vistos, miedo de no ser aceptados, miedo de que sus padres se sientan decepcionados, miedo de ser un fracaso del sistema.
Nada me sería mas reconfortante que ser un fracaso del sistema que me desprecia, saber que no soy parte de él, aún usando ropas fabricadas por su injusticia y escribiendo esto en un equipo adquirido por la absurda relación entre lo que costó ser fabricado y lo que me costó a mí obtenerlo. Porque todo este entorno que parece irremediable, obvio e ineludible se presenta así para no ser abandonado, y estas condiciones están tan tácita e intrínsecamente arraigadas en el dormido subconsciente de nuestra sociedad, que creemos que esta es la única manera de vivir, subsistiendo en la cultura del “tengo que hacer” y no el “quiero hacer”.
Es tan simple y tan complicado a la vez, porque está relacionado con nuestras aspiraciones y necesidades mas íntimas, mas instintivas y no aquellas que nos fabrican y nos hacen creer, como si fuera necesario tomar cierta gaseosa, vestir cierta ropa, o cosumir ciertos artículos para ser feliz.
Hay algo mas allá de lo que los comerciales nos quieren hacer creer, mas infinito, mas inocente e ingenuo, mas puro. Está en las alas de una mariposa o en los ojos de tus abuelos, en el aire que respiras o en el vértigo de escapar de la policía, en la candidez de un rayo de sol o en la implacable helada de una noche invernal, está en ese segundo en que por alguna razón la percepción de tu alrededor es diferente, solo vos lo sabés, aunque quizá lo ignores.
Hay una puerta para entrar a un mundo diferente, y está justo dentro nuestro. Es nuestra opción abrirla, o vivir en el ostracismo de este mundo ordinario, sometedor y conformista.